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ESTUDIO REVELA RÁPIDO CRECIMIENTO Y PRECARIEDAD DE ADULTOS MAYORES EN SECTORES RURALES EN CHILE

La Dra. Camila Oda de la UOH presentó los resultados del estudio que desarrolló para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), junto a los académicos Félix Modrego y Gonzalo Terreros, en un webinar llamado “Entornos rurales y territorialidad: Bienestar y personas mayores en Chile”, organizado por el Centro de Estudios de Vejez y Envejecimiento de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en conjunto con el proyecto Nodo de Naciones Unidas Chile.
“Las personas mayores rurales en Chile son un grupo de la población de un tamaño importante y que crece rápidamente. Actualmente constituyen el 2,4% de la población del país, lo que puede parecer bajo, pero si es mirado en perspectiva nos daremos cuenta que es un dato sumamente significativo: 1 de cada 5 habitantes de territorios rurales es una persona mayor”, explica la académica de la Universidad de O’Higgins, Camila Oda, quien junto a sus pares Félix Modrego y Gonzalo Terreros, realizó un informe para Naciones Unidas sobre la realidad de las personas mayores rurales de Chile. 

Una de los aspectos relevantes del estudio, que prontamente será publicado para su libre descarga y presentado con mayores detalles, es que la vejez en las zonas rurales de Chile: “Está en un proceso de lenta feminización, es decir, está aumentando el número de mujeres por cada hombre, lo que se condice con mayor expectativa de vida y menos migración interna de las mujeres, y que sin duda contrasta con la alta movilidad campo-ciudad que históricamente tuvieron las mujeres rurales”, puntualiza Camila Oda. 

La académica agrega que, si bien aún existen más hombres que mujeres mayores rurales, el número de mujeres ha crecido rápido, aumentando en un 82,7% en los últimos 25 años. “Esto se suma a que el índice de masculinidad entre las personas mayores rurales de nuestro país ha caído en este periodo de 114,7 a 108,8 hombres por cada 100 mujeres”, explica la experta. 

En el ámbito de la vivienda, el estudio arrojó que las personas mayores rurales viven en viviendas de peor calidad que sus pares urbanos y una de cada tres personas mayores rurales habita viviendas con un nivel de materialidad menos que aceptable. “También tienen bajo acceso al agua potable, uno de cada dos personas mayores rurales no puede acceder a este elemento básico desde la red pública. Y –por ende- dependen de fuentes que pueden ser más inseguras como los camiones aljibes, ríos o pozos, para el consumo de agua”, señaló la académica en su exposición.  

A esto se suma el poco acceso a alcantarillado y que en general carecen de servicios básicos de calidad, “situación que es casi inexistente en zonas urbanas”, comenta la académica. 

Respecto a los niveles de escolaridad, estos son mucho menores que las cifras de sus pares urbanos. “Si bien el porcentaje que sabe leer y escribir es cercano a 8 de cada 10 personas, un 81,2%, este porcentaje es sustancialmente menor al observado en sus pares urbanos, 93,6%; además, el 48,57% de las personas mayores rurales refería tener, como máximo nivel educativo, educación primaria incompleta”, aclara Camila Oda. 

El estudio también expone la situación laboral de este grupo. “Hay una alta ocupación laboral, pero con trabajos más precarios y desprotegidos que los de la población ocupada en general y los de las personas mayores urbanas, especialmente porque muchos cumplen tareas de autoempleo, no tienen contrato y tienen una menor afiliación a sistemas previsionales contributivos”, explica. 

Lo anterior decanta en que estas personas se encuentran más empobrecidas y son más dependientes de las ayudas estatales que sus pares urbanos. Además, un 28% de los hogares con personas mayores rurales han enfrentado condiciones de inseguridad alimentaria y nutricional. 

El estudio concluye que existen numerosas brechas respecto de las personas mayores de sectores urbanos: “Lo que puede dificultar el logro de algunos objetivos de desarrollo sostenible, en cuanto a vivienda, acceso a los servicios básicos, educación, pensiones, entre otros”, puntualiza la investigadora. 

Además, indica que, al igual que en el estudio realizado en personas mayores en Chile por el Ministerio de Desarrollo Social el año 2018, el reporte señala que las mujeres son un colectivo particularmente desfavorecido, especialmente en cuanto a educación, calidad de sus trabajos y condiciones materiales.

“No obstante, observamos oportunidades para activar iniciativas de apoyo para las personas mayores rurales. Existe una alta participación en organizaciones sociales por parte de este grupo y, además, pese al bajo uso de internet, existe un elevado uso de telefonía celular lo que se presenta como una oportunidad para programas de acompañamiento, provisión de información y fortalecimiento de redes y que debiera estimularse desde la política pública”, añade.  

Cabe destacar que los objetivos del estudio buscan caracterizar, a partir de la información estadística disponible (Encuesta Casen y Censo de Población de 2017), la situación de las personas mayores rurales en Chile, en diversas dimensiones del desarrollo; además, comparar la situación de estas personas con las de sectores urbanos e identificar las principales brechas de género existentes entre personas mayores rurales. Los autores, todos académicos de la Universidad de O’Higgins, definieron a las personas mayores como individuos de 60 años o más y a la ruralidad de acuerdo a la definición oficial del Instituto Nacional de Estadística en el censo del año 2017.  

Revisa la presentación completa: https://bit.ly/3Awxcoh   

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